Kai tiene 5 años y su historia comenzó con un abandono que nunca debió vivir: fue dejado solo en un apartamento en Bogotá. Después llegó a una clínica aliada, donde la Fundación conoció su caso y decidió recibirlo para darle la oportunidad que tanto necesitaba.
Kai tiene hipotiroidismo y lesiones neurológicas que hacen que su visión sea borrosa de manera permanente, por lo que necesita cuidados y acompañamiento. Sin embargo, detrás de esa mirada que a veces no logra ver con claridad hay un perrito que, cuando se siente seguro y toma confianza, se transforma en un compañero amoroso, tierno y lleno de cariño.